Viernes, 14 Junio 2013 00:00

10. Me arrepentí de tu fe.

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Solo.

Como una delicada reinterpretación de la estética de la escultura clásica, encarno a la perfección la combinación de los valores idealistas con la representación fidedigna de la naturaleza, pero evito la caracterización y la interpretación excesivamente realista de las sensaciones emocionales y permanezco en un ambiente formal de equilibrio y armonía.


Me traduzco.

Sentado frente a uno de los tantos escritorios de material símil madera que este precario centro de urgencias odontológicas posee, esperando que terminen de cargar mi solicitud para ser atendido, deseando que el profesional pase de villano a héroe en segundos en el preciso momento que anule de por vida este horrendo dolor de muelas: por el miedo que me aturde estoy blanco, serio y rígido como las estatuas antiguas.

Escucho y pienso, no hablo ni actúo.

… con Hombre de Muy Buen Pasar… una fortuna gastaron… bah, gastó él…Amiga Recién Casada es… tal cual, pobre como vos, como yo… bueno, Hombre de Muy Buen Pasar gastó una fortuna en la fiesta… no, no, no, fue de día… ahora se estila eso… de blanco los dos, muy … sí, sí, sí, así como te digo, de blanco los dos… un vestido corto hermoso llevaba… quién pudiera comprarse uno de esos… ojo, ella tiene esa cinturita que… una avispa, ajá… y yo ahí, de largo… nadie me avisó… sí, no, qué sé yo: supongo que debía ser un modelo exclusivo…

Recepcionista Joven Entrada en Kilos y Desaliñada es un fiel ejemplo de lo versátil que es el ser humano: mantiene la charla telefónica a través de un teléfono celular y supera la velocidad de la luz apretando las teclas del teclado con una sola mano, todo al mismo tiempo.

… número de carnet… 511458… plan… ah, disculpá, estoy en el trabajo… bueno… pensar que se lo presenté yo… me siento una estúpida… porque no sólo tiene dinero, sino que es un bombón… un bombón relleno, jajajajajaja…Hombre de Muy Buen Pasar transpira sexo… eso me dijeron… no, Amiga Recién Casada es reservada ahora… sí, AHORA… no sé, la de cosas que me imagino que pueden llegar a pasar con él en una cama… me enloquezco…

Pero no hay dos actos sin tres. El teléfono de línea suena. Acción, reacción: aprisionando ahora el teléfono celular entre hombro y oreja de su flanco derecho, Recepcionista Joven Entrada en Kilos y Desaliñada suma a sus quehaceres el alzamiento del aparato con la mano libre.

… uh, teléfono, esperame un segundi… hola, sí doctor… no doctor, todavía no… pero doctor, estoy concentrada cargando datos de un paciente… ajá… tengo mucho trabajo… no quiero distraerme conversando, disculpe… ya mismo le preparo la agenda de mañana…

Un corte de llamada, un largo suspiro, un pequeño epílogo: Recepcionista Joven Entrada en Kilos y Desaliñada me entrega un talón al mismo tiempo que me dice que es el número treinta y tres, retoma su primera charla y busca cierta complicidad en mi persona esbozando una efímera sonrisa mientras me invita a retirarme. Obra finalizada. A bambalinas.

Solo.

Siguiendo la regla, quien tiene el oro hace las reglas o, en este caso puntual, quien posee una muy bien paga cobertura médica toma café. Secretaria de Pelo Atado en Rodete se acerca y ofrece pocillos a los pacientes. El cigarrillo y el café son, tal vez, los únicos dos vicios que merecen ser consumidos con parsimonia ceremoniosa de manera que el cuerpo no se sienta traicionado por la mente, y esta sala de espera es tan reducida que si cruzo mis piernas es muy probable que roce el vestido de Hija Paciente Aturdida y que por efecto dominó Padre Pelado y Sudado reaccione de mala manera. Mejor salir por la tangente y dar a entender a través de señas y expresiones faciales que no, gracias, señorita, que ya estoy por ser atendido, que la próxima será, si es que hay una próxima, supongo que sí, porque mi dentición va de horrible a pésima.

Comenzó el delirio.

Espero estar delirando: Padre Pelado y Sudado sí aceptó el café pidiendo tres sobres de sacarina, utilizó uno y los otros dos los depositó en el bolsillo interno de su saco; Padre Pelado y Sudado bebe el café de un sorbo, deja el pocillo de un lado y posa con pudor fingido su mano izquierda a la altura del bajo vientre de Hija Paciente Aturdida; Padre Pelado y Sudado le susurra al oído a Hija Paciente Aturdida que se tome la pastilla anticonceptiva de emergencia, que no quiere un escándalo con Madre / Esposa justo ahora que volvieron a encaminar la relación, que no podría aceptar un nuevo hijo y menos de esta manera.

Treinta y tres.

Me levanto como empujado por un resorte enfilando hacia la voz, paso delante de mis casuales compañeros y compruebo que Hija Paciente Aturdida frota su palma derecha sobre su bajo vientre mientras ingiere una pastilla que empuja tan sólo con las lágrimas que despide de su silencioso sollozo. Estaré pálido, grave y austero, pero no desequilibrado. Algo es algo.

Solo.

Odontólogo Severo está sentado frente a su escritorio dando la espalda a la puerta de su consultorio. Odontólogo Severo posee un teléfono celular de dimensiones importantes. Odontólogo Severo escribe un mensaje de texto y, mientras murmura un ay, padre, que imbécil que sos, agrega un

Siéntese.

¿Siéntese? Odontólogo Severo gira, se acerca y agrega.

Sentate.

Bien, sentate. Me siento.

¿Cuál es tu molestia?

El modo estatua sigue activado, en su mejor momento: abro la boca al máximo y dejo que la ciencia se encargue de todo, pero todo todo todo.

Ah, pero estamos como queremos.

Estamos como quiere usted, Odontólogo Severo: contestando mensajes de texto, trabajando a desgano, jugando con los dolores ajenos.

Extracción, supongo, ¿no?

Sin terminar de pronunciar su sentencia, Odontólogo Severo revuelve varios cajones de un mueble cercano, extrae una jeringa e inyecta en las inmediaciones de la muela un líquido tan viscoso como desagradable.

Mientras esperamos que, según él, tomé la anestesia, Odontólogo Severo vuelve a escribir algo en su teléfono celular mientras comenta que padre, no entendés todavía que trabajo los domingos, no puedo ir, y toma una pinza del horno blanco que se encuentra en el rincón más lejano de la habitación.

Juro que no va a doler.

El temor y el arrojo claramente se oponen, aunque pueden convivir si algún elemento facilita que la mecánica del consenso esté bien aceitada: Odontólogo Severo se abalanza hacia mí con prudencia; yo abro la boca a más no poder dejando correr dos lágrimas; automáticamente el mármol pasa a ser arcilla y la estatua, o sea yo, se diluye con un grito.

¡Me cago en dios, duele!

Odontólogo Severo reacciona de inmediato saltando sobre su lugar, extrayendo la muela, depositando una gasa en el abismal hueco.

Finalmente relajado, giro la cabeza, veo que un reloj de pared con forma de diente canino marca las 15:50 y recibo la pieza ensangrentada como si fuera el trofeo más importante desde que el mundo es mundo y el hombre es hombre. Y lo es, porque el presente se caracteriza por la satisfacción personal antes que la grupal.

Es momento de profesar nuevos credos, es momento de profesar en mí.

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Afiche cap.10

Un Dia De Vida
Diseño de afiche: N. Vuelaempartes

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