Jueves, 17 Octubre 2013 15:42

13. Hoy mas fuerte que nunca nuestras voces son escuchadas.

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Uno de esos momentos en los que el mundo me demuestra que la vida es un gran carnaval, que el juego de roles puede pasar desde la simple representación de una persona que no se es hasta el retrato grotesco de una bestia, sin dejar de lado que lo inanimado también se modifica: Pasajero Obrero a Quien Empujo al Lanzarme Violentamente hacia el Interior del Tren bufa muchísimo, no deja de bufar, tanto como yo, tanto como todos los pasajeros de este vagón de tren que ahora se asemeja al más corriente camión jaula en el que el ganado, hacinadísimo, viaja hacia su matadero más privado.

O no tanto.

Haciendo equilibrio sobre nuestras pezuñas – pies nosotras, las reses – personas, nos disponemos en este lugar transitorio sin suficiente importancia y lo construimos a nuestro gusto. Pasajero Obrero a Quien Empujo al Lanzarme Violentamente hacia el Interior del Tren se va alejando de mí a medida que el vaivén del traqueteo del tren aumenta. Sin embargo, no llego a ser libre: otros Pasajeros Sin Marcas A Destacar son mis nuevos hombro a hombro.

Como puedo, deslizo mi teléfono celular desde el bolsillo delantero derecho de mi pantalón hacia arriba y por la acción – reacción de este movimiento dos hechos complejos se plasman.

Primero, y a pesar de notarlo por la seria caída del sol, me entero que son las 18:30 pasadas; que recibí un mensaje de texto; que el remitente es Ella; que me dice que me extraña.

Segundo, advierto que con el aparato palpo las prominentes asentaderas de quien se ubica frente a mí y me da la espalda, Pasajera de Avanzada Edad Libidinosa y Antiestética; que en vez de alejarse de mi cuerpo, Pasajera de Avanzada Edad Libidinosa y Antiestética intenta estrechar sus nalgas contra mi sorprendido y aturdido, por no decir muerto, miembro viril; que Pasajera de Avanzada Edad Libidinosa y Antiestética gira su cabeza hacia la derecha y apoya su mentón sobre su hombro; que, ya entregada a vaya a saber uno qué ritual de apareamiento ancestral, Pasajera de Mediana Edad Libidinosa y Avanzada pellizca su labio inferior con sus dientes y cierra el acto abriendo su boca dejando entrever su lengua humedeciendo su labio superior.

¿Cómo en un terreno en el que se erige la montaña infinita de la castidad provocada por el sudor y el hedor ajeno alguien puede llegar a erotizarse? No me importa, no es de mi incumbencia: ahora forma parte de uno de los tantos misterios de la naturaleza humana que jamás serán develados.

Mejor me alejo antes de devolver lo poco que almorcé.

Primera Estación de las tres que tengo que visitar efímeramente para estar en Cuarta Estación, para estar aún más cerca de Ella. Gracias por existir: muchos pasajeros descienden, otros ascienden y otros (bah, yo, pero mejor generalizar, luchar solo en este tipo de causas es denigrante) cambian de ubicación. Tres saltos amplios y me ubico en el vagón contiguo.

Chau Pasajera de Avanzada Edad Libidinosa y Antiestética, siga acosando, asustando y no concretando. Algunos tenemos otros pasatiempos, ninguno es mejor ni peor que el suyo, quédese tranquila.

¿Qué mejor para superar un breve trauma que viajar en la oscuridad natural de un coche furgón? ¿Qué mejor que viajar conectado a los auriculares y escuchando música seleccionada por uno mismo junto a pocos y lejanos pasajeros dueños de equipajes medianos y bicicletas, sin rozar, sin hablar, sin oír, sin oler, sin ver claramente al exterior? ¿Qué mejor que viajar sin sentidos, digamos?

Nada mejor. O todo mejor.

De Primera Estación a Segunda Estación, en mis auriculares suena un tema triunfante. De Segunda Estación a Tercera Estación, en mis auriculares suena un tema calmo. Pero.

Pero, pero, pero.

Ni bien el tren traquetea en dirección hacia la muy ansiada Cuarta Estación, en mis auriculares suenan los acordes de un tema de impronta depresiva, anticipando el inminente final de mi felicidad del aquí y ahora.

Primer sentido violado: veo la estampa de Hombre Harapiento que Supera mi Edad, se escabulle del anonimato, se delata tal cual es. Segundo sentido violado: Hombre Harapiento que Supera mi Edad emana un olor poco descriptible, algo así como barro acumulado por días, mínimo. Tercer sentido violado: Hombre Harapiento que Supera mi Edad se toma el atrevimiento de tomar mi muñeca derecha con fuerza. Cuarto sentido violado: la voz de Hombre Harapiento que Supera mi Edad se mixtura con la oscuridad de los acordes que provienen del tema. Quinto y último sentido violado: la curiosidad mata al gato y se ve que algo de cuadrúpedo o de felino debo tener como para desprenderme de mis auriculares y, luego de un corto suspiro, expresar un profundo y motivador

-    ¿Eh?

Hombre Harapiento que Supera mi Edad suelta mi muñeca. Hombre Harapiento que Supera mi Edad sonríe. Hombre Harapiento que Supera mi Edad me inspecciona por completo y vocifera

-    Que si podés convidarme con un cigarrillo.

Hombre Harapiento que Supera mi Edad resultó ser un adivino. Y yo un mentiroso.

-    No tengo.

El ambiente se corta con un cuchillo. Hombre Harapiento que Supera mi Edad vuelve a tomar mi muñeca derecha ahora con más fuerza, se torna más serio, abre más sus ojos, imposta más su voz. Ya exige.

-    Vamos, convidame un cigarrillo.

Tengo miedo. ¿Miedo al ambiente? ¿Miedo al cuchillo? ¿Miedo a que en el ambiente haya un cuchillo? ¿Miedo a que el único cuchillo en el ambiente lo posea Hombre Harapiento que Supera mi Edad? ¿Miedo a que ese único cuchillo en el ambiente, posesión de Hombre Harapiento que Supera mi Edad, esté oxidado? ¿Miedo a que ese único cuchillo en el ambiente posesión de Hombre Harapiento que Supera mi Edad, esté oxidado y me transmita, al cortarme, alguna enfermedad incurable?

Miedo a todo y a nada a  la vez. A lo diferente.

-    No tengo, dije.

El tren se detiene. Al fin, Cuarta Estación. Me percato, me libero, me hago del andén.

Hombre Harapiento que Supera mi Edad sabe lo que pienso en este momento: que tendría que preocuparse por estar limpio; que tendría que no espantar a las personas; que tendría que encontrar recursos para alimentar sus vicios y no depender de los jóvenes, situación denigrante. Y yo sé lo que piensa Hombre Harapiento que Supera mi Edad en este momento: que tendría que ser amable; que tendría que dejar de tener miedo; que tendría que dejar de mentir.

Hombre Harapiento que Supera mi Edad y yo nos miramos directo a los ojos a través de la puerta vidriada ya cerrada, sin pestañear. Al final, uno es el reflejo del otro, no somos tan diferentes.

Saco un cigarrillo, lo enciendo y sonrío frente a Hombre Harapiento que Supera mi Edad que se aleja de mí tan lentamente como el tren avanza. Yo cumplo parcialmente: dejo de mentir. Espero que él también por su, mi, tu, nuestro bien.

Por el equilibrio, por la igualdad.

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Afiche cap.13


Diseño de Afiche: Santiago Elefante

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