Sábado, 12 Septiembre 2015 15:47

19. A veces me imagino tu cara en la multitud y digo que ya no te necesito... esta noche vas a viajar.

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Aún sentada a mi lado, Petisa de Ojos Verdes y Excelente Cuerpo me informa que ya son las 00:10 pasadas, toma unos sorbos más del trago que estamos bebiendo para pasar el extraño sabor del cartón ingerido y cierra sus ojos: gime, esboza una sonrisa, vuelve a gemir, se mueve lentamente al compás de la música, gime nuevamente.


De un momento a otro me petrifiqué: soy una estatua, detenida mi vista en sus pechos. Crecen. ¡Están creciendo! De Petisa de Ojos Verdes y Excelente Cuerpo pasa a ser Petisa de Gigante Delantera.

Empiezo a temblar, pero no de frío, tampoco de miedo: de ansiedad, de necesidad de tocar esos senos que cada vez ocupan más espacio en la discoteca. Mis manos se acercan lentamente y apenas los rozan.

Petisa de Gigante Delantera sigue con sus ojos cerrados, sigue gimiendo, sigue sonriendo, sigue moviéndose al compás de la música.

Ahora mis palmas se hacen del 100% de su busto: las dejo fijas rodeando las mamas, que apresen la totalidad sin deformarlas. Me asombro. Mis ojos siguen fijos aunque cada vez aumentan más sus circunferencias.

Petisa de Gigante Delantera comienza a abrir sus ojos, sus gemidos se mezclan con quejas, su sonrisa deviene preocupación, sus movimientos se ahogan en la quietud.

De la manipulación al amasamiento hay un paso, y lo transito. Siento que los pechos son blandos y duros a la vez, muy blandos, muy duros. Siento que mis ojos siguen expandiéndose, al igual que profeso una incipiente sonrisa que termina dibujándose como un rayo de extremo a extremo en mi cara. Siento todo, todo todo todo.

Petisa de Gigante Delantera abre sus ojos lagrimeando, estalla en gritos, su cara de espanto me invade, sale corriendo.

Y la persigo. En realidad, los persigo: a ella y a su carne capturada en ese escote, que rebotan en la pista de baile. Saltan como conejos. Petisa de Gigante Delantera, sus pechos, los otros asistentes de la discoteca, yo: todos somos conejos. Un conejo blanco por allí, más cerca mío uno gris, a la lejanía diviso uno de color beige… ¡UN CONEJO ROSA ALLÁ! ¡SIEMPRE QUISE ENVOLVERME EN UN ABRAZO CON UN CONEJO ROSA! ¡VOY A TOCARTE EL RABO, CONEJO ROSA!

Y salto, salto, salto. No hablo, nadie habla. No hay más música, tan sólo el repiqueteo de los brincos. Todos tenemos un trago en la mano, jugo de zanahoria, a los conejos nos encanta el jugo de zanahoria, bien fresco, recién exprimido. Transpiro, la euforia me ahoga y me pregunto por qué es tan difícil ser conejo hasta que se me acaba el trago.

Necesito más jugo de zanahoria.

Me dirijo hacia la barra y allí las veo. Dos conejas negras con mala predisposición, malos modales, malas posturas, malas malas malas. Momento: son ella y Ella que me están señalando. ¡SON ELLA Y ELLA, DOS CONEJAS NEGRAS CON OJOS Y RABOS PRENDIDOS FUEGO!

Escondo mi mirada con mis dulces patas delanteras. Miro entre mis acolchonados dedos, cuales persianas americanas, y siguen allí. ¿Ahora resulta que la buena suerte de las patas de los conejos no aplica al conejo mismo? ¡MALDITO MUNDO EN EL QUE EL DUEÑO NO ES DUEÑO!

Petisa de Gigante Delantera desvía mi atención golpeándome en el estómago. Automáticamente veo su transformación de Petisa de Gigante Delantera a Objeto Acuoso A Causa del Llanto. Un monstruo. Escupe lágrimas mientras me recrimina que abusé de ella. Continúa atacándome a golpe limpio hasta que puedo liberarme del asedio, apartarla y decirle

-    ¿Quésh mewiste delomarmmm?

Objeto Acuoso A Causa del Llanto se detiene por completo. A su cara de sorpresa la combato con un zamarreo a la altura de sus hombros y la misma frase, aún más fuerte, aún más persecutoria.

-    ¿QUÉSH MEWISTE DELOMARMMM?

No puede ser que Objeto Acuoso A Causa del Llanto no me entienda lo que le pregunto, un tan simple ¿qué me diste de tomar?

Bufo, una, dos, mil veces. Ahora me siento un toro herido por la espada del habla, del corazón y de la mente. Objeto Acuoso A Causa del Llanto me empuja y caigo al piso, justo delante de la barra. Las conejas negras de ella y Ella desaparecieron. Pero no me alegro: me arrodillo y me oculto en mí mismo. Las extraño, a las dos, a cada una por separado. Mis pezuñas están débiles, mi incorporación es nula.

Decenas y decenas de conejos me rodean preocupados, intrigados. Entre el tumulto puedo divisar a otro ser, a Amigo Cumpleañero y Salidor Fuerte resultado ahora en Amigo Salvador que Vuela en una Nube. Me levanta mientras profesa alados versos mientras desliza sutilmente algo en mi boca:

-    Ingerirás esta cápsula,
proveniente de la rama de las benzodiacepinas.
Contiene moléculas bioactivas.
Y sentirás que tu percepción se nubla,
tu cuerpo no camina.
Tomar agua activa.

Antes de desvanecerme llego a ver mi reloj pulsera que marca las 00:55, y balbuceando un

-    Mmmutsas glaetiaieas

pienso que los conejos no son malos ni buenos, tan sólo son.

El muchas gracias y a descansar.

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Afiche cap.19