Domingo, 23 Septiembre 2012 00:00

4. Desesperado estoy a tu lado.

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-  Hoy no puedo.

Es la tercera vez que repito la misma frase. Amigo Guitarrista no quiere entender. Ni el auricular de su teléfono fijo está dañado ni el micrófono de mi teléfono móvil está sucio: Amigo Guitarrista contestó perfectamente mi hola, cómo estás, qué contás con un contundente a eso de las ocho ensayamos en casa, no te olvides. Luego, mi primer hoy no puedo ni lo inmutó y comenzó a organizarme la noche. Al segundo y a este tercero hoy no puedo ni siquiera los registró.

-    Acomodamos y cerramos el tema nuevo y listo. No es muy difícil.

El reloj de mi computadora marca las 9:21. Ya pasó más de una hora del pico de dolor de la bendita muela. El cóctel comprimido verde – comprimido azul – gaseosa cola es, hasta ahora, un buen parche para la fuga de alaridos. Pero un nuevo sufrimiento crece. Abandono mi sillón, me acerco al cuarto de baño y lo compruebo en el espejo: mi oreja derecha toma temperatura, mutando de su natural color piel a un concreto naranja. Amigo Guitarrista no se detiene. Es duro. Una roca.

-    Estuve todo el fin de semana pasado pensando en arreglos para los ocho temas. Grabé todo. En un rato te envío el enlace por correo electrónico.

Abro la canilla, dejo correr el agua sin ninguna motivación consciente. El calor aumenta, el naranja deja lugar a un sólido rojo. Siento ahora pequeñas gotas de sudor sobre mis patillas. Resoplo. Continúa.

-    Ayer hablé con Amigo Bajista y también compuso algunos arreglos. Está bien: como siempre decís, tus patrones en la batería son similares. Pero no importa, lo tuyo es genial, no necesitamos mucho más. Tal vez las intensidades podrían variar. Estaba pensando en comprar comida y bebida para no salir de la sala. Internarnos de verdad.

El noble arte de monologar no es exclusivo de los demagogos, por lo visto. La oreja hierve y el morado llegó para quedarse. Amigo Guitarrista prosigue, taladra, y mis tímpanos están a punto de estallar, de nadar en sangre.

-    Ya podemos pensar en tocar en vivo de una buena vez, creo. Pensé en alguna fiesta de cumpleaños, la de mi hermano, por ejemplo, como para perder la vergüenza.

Soy paciente, pero hasta acá llegó mi amor. No quiero entrar en detalles como que tengo que solucionar mis problemas con ella, o que es muy probable que me encuentre con Ella y la ame por fin como a nadie, o que me molesta mucho una muela, o que veo un futuro muy cercano de extracción de la muela. Sería en vano. Cual domador, mi sencillez es la silla y mis palabras el mejor látigo. Que reaccione de una vez.

-    ¿Qué parte de hoy no puedo no entendés?

Cierro el paso del agua. Silencio. Rotundo. Gracias.

-    Uh, no seas así. Qué humor hoy, ¿eh? Ah, no te conté, ¿no?

Enfilo hacia la oficina. Se acerca una banalidad genial. Perfecto acompañamiento de mis quehaceres, exquisito destinatario de mis mejores evasivas.

-    Me encontré con la madre de Amigo ex Vocalista. En la cola del mercado. Está muy demacrada.

-    Mirá vos.

Vuelvo a desparramarme sobre el sillón. Ingreso en mi perfil de la red social. Ni ella ni Ella se comunicaron conmigo. Refresco una y otra vez la página y nada. Pésimo. 

-    Las manos flacas, muy avejentada. Como si un camión le hubiera pasado por encima, ¿entendés?

-    Claro, claro, qué barbaridad.

Enciendo un cigarrillo. Con un pequeño esfuerzo, logro girar sentado. Una, dos, tres vueltas. No me mareo, pero me aburro. Sin motivación no hay juego.

-    Cuestión que charlamos mientras esperábamos ser atendidos. ¿De qué? o, mejor dicho, ¿de quién? De Amigo ex Vocalista.

-    Por supuesto.

Yergo mi cuerpo. Modo panóptico activado sobre el negocio: vigilo oculto los movimientos de mis empleados abriendo levemente las endebles tablas de la persiana americana. Nuevo, Segundo en Experiencia y Empleado Encargado Con Llaves se mueven de un lado para otro. Algo es algo.

-    Desde que dejó de cantar con nosotros, Amigo ex Vocalista tuvo una muy mala racha: se separó, se fracturó, lo despidieron, volvió a robar, lo detuvieron. Van tres meses ya. No sabés cómo está la madre, en serio. Consumida. Y me sentí un poco culpable. Es como si haberlo echado fuera el puntapié de toda la debacle. Entonces, estaba pensando…

Amigo ex Vocalista, robar, culpable. Señal de alto, y ya. ¿A dónde quiere llegar?

-    ¿A dónde querés llegar?

-    Mirá, la madre me contó todo. Ella está jubiladísima. No tiene ahorros, los gastó en una defensa horrible para Amigo ex Vocalista. Bueno, cuestión que conoció a un abogado que puede ayudarlo. Entonces, como te decía, estaba pensando… podríamos hacernos cargo. Se ve que le afectó mucho que lo hayamos alejado. Bueno, un poco de responsabilidad tiene. Es más, si sale podríamos darle una nueva oportunidad. Mal no cantaba. Puede ser el futuro de la banda, ¿no? 

Abogado, hacernos cargo, futuro de la banda. Soy comerciante, y como todo espécimen de mi raza me apasiona la duda que se genera mediante la tensión entre el gozo y el sufrimiento. Por eso pregunto.

-    ¿De cuánto estamos hablando?

-    Barato: quince mil. Se lo comenté a Amigo Bajista y le pareció una buena idea. Cada uno cinco mil y listo. Claro, si participás. Menos mal que fue un robo simple. El abogado tiene conexiones.

Barato, buena idea, conexiones. La justicia no es ciega y viste pantalones: sus ojos están bien abiertos a la altura de los bolsillos delanteros. Mientras calculo a la velocidad de la luz la cantidad de horas de trabajo a invertir para la supuesta causa, cierro la conversación lo más diplomáticamente posible.

-    ¿Cómo? ¿Hola? No te escuché bien. ¿Hola?

-    Hola, ¿ahora me escuchás?

-    ¿Hola? Amigo Guitarrista, ¿estás ahí? ¿Cómo es la cosa?

-    Fácil: cinco mil cada uno. Si te interesa. Te contaba que fue robo simple, que eso ayuda.

-    ¿Cómo? ¿Hola? ¿Estás ahí? ¿Hola?

Cuelgo. La amistad no se mide en billetes. Mentira, pero quiero justificarme. Mucha realidad, y toda junta. Asusta.

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Afiche cap.4

Un Dia De Vida
Diseño: Roger Bones

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