Sábado, 29 Septiembre 2012 00:00

5. La compulsión y la dependencia pueden comenzar con inocencia.

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10:20 dice mi reloj pulsera. Segundo en Experiencia finaliza una de las órdenes de compras. Me comunica la falta de cierta mercadería. Gracias a esta supuesta preocupación y de mi futuro análisis me olvido del dolor de muela.


Le comento que los estudiosos de la economía sostienen que el ideal de mercado se perpetúa a través del equilibrio que iguala las cantidades ofrecidas y las cantidades demandadas.

Bla bla bla para él. Me mira serio.

Le digo entonces que debemos estar baratos ya que, según los estudiosos de la economía (sí, nuevamente ellos), cuando se posee un precio mayor, se produce un exceso de oferta y, correlativamente, un abultamiento de mercadería. En cambio, con un precio menor se genera una demasía de demanda, como nos está sucediendo.

Más bla bla bla aún. Sigue reservado.

Trato de ordenar las ideas y prosigo con la explicación: que los estudiosos de la economía (ya no los soporto más, debo enfrentarlos) no tienen en cuenta el factor humano; que la impronta de los sentimientos y de la competencia por tener lo mejor o lo que resalte está implícita en cada uno de todos nosotros, los habitantes de este bendito planeta; que la moda es el opio de los pueblos.

Muchísimo bla bla bla a esta altura. Continúa incierto.

El timbre despeja.

Proveedor de Años se materializa. Siempre realiza movimientos de salutación poco frecuentes en el ambiente de los negocios: me saluda con un abrazo en vez del clásico, simple y seco apretón de manos. Me conoce, y mucho. Me vio nacer. Bueno, tampoco tanto.

-    Querido, ¿cómo estás?

Proveedor de Años lleva sobre sus espaldas la vocación frustrada de actor de variedades: atrae a un público que supera al número uno. Hoy somos solamente Segundo en Experiencia y yo. Nuevo y Empleado Encargado Con Llaves deben estar perdidos entre las estanterías del fondo.

Como en todas sus incursiones, sin esperar nada a cambio, sin ánimos de vender, Proveedor de Años se sienta en una de las banquetas sorbiendo lentamente el café fresco que le alcancé y, con esa dulzura al hablar que lo caracteriza, no deja de comentar sus peripecias en el planeta femenino y sus satélites, por no decir mujeres e hijos: de cómo su primera mujer, con la que volvió a forjar una pareja estable, no soporta sus repetidas salidas nocturnas, pero que en el fondo es la mujer más dedicada que conoció en su vida; de cómo su segunda mujer sigue exigiéndole una incorrecta manutención para los dos hijos que procrearon hace ya más de dos décadas; de cómo su tercera mujer aún lo ama y lo llama constantemente para recordar, en la cama, lo bien que se llevaban en un gran porcentaje de hábitos de convivencia.  

Proveedor de Años es el hombre mayor que muchos quisieran ser: amable pero no meloso, cómplice pero no culpable, dado pero no flexible.

Luego de ciertas humoradas sobre lo bien predispuestas que están las más jóvenes exponentes del género supuestamente débil ante la llegada de un hombre mayor que las corteja como se debe, Proveedor de Años se retira, cual gimnasta ante el jurado, con elegancia y distinción, mientras le comento que ya lo llamaré para encargarle cierta mercadería, que no se preocupe, que todo se va a solucionar.

Segundo en Experiencia está en trance: ninguna serpiente encantada podría estar más fulminada mentalmente. Con una sonrisa de par en par me mira con ojos achinados, aprobando los dimes y diretes que Proveedor de Años esparció por todo el espacio de la y mi empresa.

Retomo el tema anterior, el de economía, el aburrido. Ese.

-    El caso de Proveedor de Años es totalmente cercano a las leyes del mercado, de la oferta, de la demanda, de la moda. De lo que estábamos hablando, Segundo en Experiencia.

Aún sonriendo, Segundo en Experiencia me mira fijo. Parece no importarle si se habla de la bolsa cambiaria, la televisión o un accidente fatal con más muertos que vivos como resultado. Prosigo.

-    Claro, porque nuestras tradiciones nos dicen que, de alguna manera, el mercado, en este caso sociedad, debe estar regulado por una oferta de cuerpos ante una demanda de cuerpos: un hombre para una mujer, un hombre para un hombre o una mujer para una mujer. No importan los géneros, si se cruzan o no, lo que importa es la tendencia al binomio, al par.

Todavía Segundo en Experiencia sigue en las nubes. Ya va a bajar, espero.

-    Por ejemplo, el caso de Proveedor de años. Él fue en un momento un producto que se ofertó y consiguió comprador. Había demanda de su cuerpo y mente, de su persona. Se sació la necesidad y se mantuvo el equilibrio. Pero no todo es tan simple: estamos hablando de su primera mujer, con la que tuvo tres hijos varones. Claro, se vuelve complicado cuando esto se genera moda. Proveedor de Años es muy conocido por sus maneras tan correctas de tratar a las mujeres en todos los ámbitos, tanto en lo físico como en lo anímico. Eso hace que su demanda sea mayor, que se transforme en moda y que, por ejemplo, engañe a su mujer y a sus hijos con la que fue su segunda mujer, como dice él, que no es tan así porque no hubo matrimonio legal, sino una convivencia un tanto extraña. Vivía con ambas, repartiéndose durante la semana. Con esta segunda mujer tuvo dos hijos, un varón y una mujer, a los que no reconoció con su apellido y de los que no se hizo cargo ni siquiera monetariamente hasta ya pasada la primera decena de años de vida.

El gesto de Segundo en Experiencia se mixtura en asombro, desconsuelo, contento y furia.

-    Las modas, a su vez, no son locales, sino que se expanden. Proveedor de Años viajó mucho por diferentes pueblos ofreciendo sus productos. Eso lo alejó de los problemas cercanos, pero le abrió la puerta a nuevas dificultades. Entre ellas se encuentra su tercera mujer, con la que trajeron al mundo a un solo hijo. No es tan traumática esta parte de su historia, pero es otro hijo varón sin apellido paterno.

Segundo en Experiencia me escucha a través de sus ojos ahora: redondos como dos yemas de huevos en su punto máximo de cocción sobre aceite hirviendo.

-    Conclusión: la moda debe tomarse en cuenta como un componente indispensable en el análisis de las variables económicas de la sociedad en la que vivimos.

La mueca de Segundo en Experiencia ya es una muy grotesca, de risa y llanto a la vez. Después de escuchar todo, mi primera explicación, la intervención de Proveedor de Años y mi paralelismo, rompe el silencio sepulcral. Es lo más elocuente que puede. Más que que puede, que quiere.

-    Ah, pero qué hijo de puta terminó siendo.

Supongo que ella y Ella hubieran llegado a la misma conclusión que Segundo en Experiencia. Y no está ni bien ni mal: simplemente es.

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Afiche 5

Un Dia De Vida
Diseño de afiche: Iván Caballero

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