Martes, 02 Octubre 2012 00:00

6. Resulta sabio el nuevo lenguaje que aprendí

Escrito por 

 

-    Qué difícil es el amor.

¿Justo a este cuerpito gentil le dice eso?

-    ¿Justo a este cuerpito gentil le decís eso?

Mi relación con Amigo Cibernético (amigo de un amigo de otro amigo que a su vez es amigo de un amigo en común… cosas de la modernidad) es la más falsa/sincera y lejana/cercana que poseo con una persona. Falsa/sincera porque no me conoce físicamente, le escondo mi rostro, mis gestos a través del teclado, pero, sin embargo, perdí toda la vergüenza y le confieso hasta mis más íntimos y últimos detalles, como una operación a corazón abierto, tomá, miralo, es esto lo que me duele, viste que es genial, ¿no?. Lejana/cercana porque, si bien vivo a una distancia considerable de su ciudad, está ahí cuando lo necesito, a cualquier hora, frente a cualquier situación, y todo gracias a los avances en materia técnica que ligan a una computadora de escritorio con una portátil y a su vez con un teléfono móvil.

-    Hace unos días le dije a Novia Histérica que no puedo seguir así, o sea, pensando que va a engañarme con Compañero de Trabajo Libidinoso. Pero siempre me contesta que soy un pesado, un exagerado, un fatalista, que Compañero de Trabajo Libidinoso no la persigue, no la acosa, no la aleja de mí.
-    Bueno, en mi caso sucede al revés.
-    ¿Te celan?
-    No, soy el libidinoso.
-    Jajajajajaja.

Hay toda una hipótesis de tres nudos en conflicto alrededor de las carcajadas escritas en los sitios de charla cibernética: si las jotas y las aes están perfectamente alternadas una detrás de la otra, como en el caso de la escrita por Amigo Cibernético, o sea “Jajajajajaja”, la risa es por compromiso, un simple cosquilleo; si las nombradas letras se chocan y/o repiten, algo así como “jajjaajajaaaaj”, la alegría es cierta, se asemeja a una sonrisa limpia, pero no acabada; si las letras no sólo se tropiezan y/o duplican, sino también que se escriben en mayúsculas, como en un “JAJAAJAJJJAJAAJJ”, el jolgorio es fresco. Qué estupidez todo esto.

Más estúpido si lo analizo y lo reafirmo preguntando si esa risotada fue real.

-    ¿Realmente te reíste?

Sí, por lo pronto soy estúpido.

-    Sí. ¿Por qué no? ¿Con el ánimo por el piso hoy?

¿Tres palabras y me descifran?

-    Y… sí.
-    Contame.
-    No, no tengo tiempo. Tengo que volver al trabajo.
-    No te hagas el difícil, si sos más fácil que la tabla del dos.

Me despego de la comodidad de mi sillón y jugando nuevamente al detective corroboro desde éstas, mis alturas, que los empleados se mueven de acá para allá preparando pedidos, que la empresa marcha sola como un perfecto engranaje y que, siendo las 11:26, según marca mi reloj pulsera, lo máximo que puedo llegar a hacer es imprimir estas dos nuevas órdenes de compra.

Perdido por perdido, me entrego. Piedra libre para mí y para todos mis compañeros.

-    Uh. Qué pesado.
Bueno, sucede que estoy un poco preocupado porque no me siento completo, ¿entendés?
Conocés bien mis dudas, si afianzar mi relación con ella o dar un giro de timón fuerte y entregarme a Ella, tirar todo por la borda, digamos.
Hoy me levanté y no me comuniqué con ninguna de las dos, y vos bien sabés que si tengo una obsesión es la de saber cómo están. Sobre todo cómo está ella, a quien aún le soy fiel. Bueno, no sé hasta dónde puedo decir que le soy fiel cuando estuve arreglando un encuentro para hoy a la noche con Ella.
Ufff, ¿sabés lo que pasa? Amo a las dos. Pero mucho. Una, ella, me llena en la cotidianidad porque, digan lo que digan, la rutina es preciosa. La otra, Ella, no sé, es Ella, me ilusiona, despierta en mí ese costado que perdí, el salvaje, el puro, digamos.
Sucede que tengo miedo, mucho. ¿Miedo a qué? Miedo a perder, miedo a la soledad, miedo a la nada misma.
Sí, lo sé, la vida es una, hay que apostar siempre, y muy fuerte, pero quiero salir de pobre de una vez: poder proyectar. Porque la proyección esperanza, y necesito eso, como un hobby que me solucione todo, ¿entendés?
Sí, estoy en crisis con ella. Porque todas las parejas, como la tuya también, tienen crisis, y no somos la excepción a la puta regla. Perdón por lo de puta. Perdón nada, ya sé, pero bueno, no es así. O sí.
Y crisis es oportunidad, dicen. Por eso voy, vengo, vuelvo a ir, me descamino.
Ni sé qué escribo ya.
Bueno, cuestión que es eso.
¿Cómo lo ves?

Me siento una gota en el oceáno: al descargarme tengo todo, pero todo todo todo. Nuevamente Amigo Cibernético cumple: no sólo me lee, sino que el sitio de charlas me anticipa una futura respuesta. Genial.

Me desplomo sobre el sillón, otra vez. Y leo.

-    JAJAAJAJJJAJAAJJ
-    Jajajajajaja, no escribí nada gracioso, creo.
-    ¿Cómo que no?
-    No.
-    Jajjaajajaaaaj, ¿sabés qué pasa? Que siempre me contás algo por el estilo, y nunca terminás de cerrar la idea, te vas por las ramas.
-    No.
-    ¡No te ofendas!
-    No.
-    ¡Uh, cómo sos! Tendrías que animarte: sos querido.
-    Sí, qué sé yo.
-    No es tan dramático.
-    Puede ser.
-    En cuanto a tu relación con ella y tu acercamiento con Ella…
-    Sí, decime.
-     … creo que no estás preparado para…

¿Y, y, y? Y de golpe esto. La conexión. ¿Dónde está la conexión? Perdida. Como yo.

Refresco la página. Una, dos, tres, infinidad de veces. No puede estar pasando esto. No justo ahora, no no no. Y sí, sucede.

La tecnología nos abraza, aunque no siempre esa caricia abriga.

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Afiche cap.6


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