Viernes, 21 Diciembre 2012 00:00

8. Come de mí, come de mi carne.

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¿Quién se cree que es Cliente Profesional Devenido en Comerciante? ¿Dónde cursó sus estudios superiores que no le enseñaron que el dinero, y no la palabra, es lo que dicta las leyes hoy día? ¿En qué momento pensó que podía salirse con la suya y no abonar la mercadería que pretendía llevarse? ¿Por qué el sabor de la victoria, o sea, todo lo bueno, dura tan poco? ¿Qué hago preguntándome todo esto mientras camino, fuera del negocio, en la calle?


Cierto, cierto, cierto: siendo ya las 13:10 faltan tan sólo veinte minutos para el toque de queda culinario; para que Empleado Encargado Con Llaves, Segundo en Experiencia y Nuevo recarguen baterías para lo que resta de la jornada laboral; para que el placebo de un mundo mejor representado en otro viernes en que la patronal (yo) se haga cargo del almuerzo vuelva a desparramarse en sus mentes. Por eso me pregunto todo aquello mientras camino, fuera del negocio, en la calle: cierto, cierto, cierto.

Gordo Dueño de Casa de Comidas ni bien me ve entrar entiende todo.

-    ¿Qué menú fue el elegido? ¿Hamburguesas o pizza?
-    Hamburguesas.

Gordo Dueño de Casa de Comidas ni bien me ve entrar entiende todo y grita.

-    Dos completas, lechuga, tomate y huevo. Dos con extras, jamón y queso. ¿Escuchaste cocinero? Cocinero… ¡COCINERO!

Gordo Dueño de Casa de Comidas ni bien me ve entrar entiende todo, grita y se queja.

-    No puede ser. Si Cocinero lo ve entrar no se apure para sacar rápido su pedido. ¡COCINERO! ¡VAMOS COCINERO! ¡ARRIBA QUE EL MUCHACHO ESTÁ APURADO! Ya no se puede confiar en nadie. Uno le da una mano a la gente y se toma hasta el codo.

Luego de secarse el sudor de la frente con el delantal que no tiene nada de pulcro, luego de acomodarse la caída del tupido bigote, luego de golpear el mostrador con el puño cerrado de su pesadísima mano derecha, Gordo Dueño de Casa de Comidas se agacha, desaparece detrás del mostrador, y los ruidos de golpes entre diferentes materiales, nobles y no tanto como lo son la madera, el metal y la cerámica, se hacen amos y señores de la atmósfera. 

Mi rutinaria mirada por el recinto (baldosones oscuros seguramente adquiridos en una barata; traslúcidas bebidas con y sin alcohol sobre los estantes empotrados en la pared del fondo; cuadros que enmarcan recortes de periódicos de vaya a saber uno cuándo, contando la vida de vaya a saber quién, con el valor emotivo de vaya a saber uno qué) se disipa con el ascenso de Gordo Dueño de Casa de Comidas, quien esparce frente a mí tres recipientes con supuestos

-    Manjares caseros.

los mismos que me ofrece con una sonrisa un tanto inquieta, para que

-    Disculpe la tardanza.

Al mismo tiempo que me relamo con una de las delicias,

-    Muy rico todo, por cierto, gracias.

pago con los cien de la caja chica y recibo el vuelto: cincuenta. Ante el acto, Gordo Dueño de Casa de Comidas decreta que

-    Eso es lo interesante de la comida rápida: buen alimento a buen precio.
-    Basura rápida, querrá decir.

Cocinero salpica sobre el mostrador una bolsa de plástico conteniendo las cuatro hamburguesas envueltas en papel rústico y, como si fuera poco, su proclama.

-    ¡SÍ, GORDO DUEÑO DE CASA DE COMIDAS, SÍ! ¡LO QUE USTED VENDE NO ES BUEN ALIMENTO A BUEN PRECIO! ¡OFRECE BASURA RÁPIDA! ¡FIEL REFLEJO DE ESTA SOCIEDAD ASQUEROSA Y TIRANA QUE DENIGRA Y OPRIME!
-    ¡COCINERO! ¡YA ES EL COLMO! ¡PRIMERO TU LENTITUD, AHORA ESTO! ¡ESTÁS DESPEDIDO!

Cocinero es joven. Cocinero es joven y revolucionario. Cocinero es joven, revolucionario y tiene un cuchillo en su mano derecha. Mientras lo agita de acá para allá, de los nervios muerdo fuertemente una de las exquisiteces con la muela dañada. A falta de gritos, me hago presente.

-    ¡AAAHHH!
-    ¡COCINERO, BAJÁ ESE CUCHILLO YA!
-    ¡CUANDO USTED ACEPTE QUE LO QUE ESTÁ OFRECIENDO ES LO MÁS BAJO!
-    ¡AAAHHH!
-    ¡NO ME BUSQUES, COCINERO! ¡NO ME BUSQUES!
-    ¡NO LO BUSCO, PORQUE YA LO ENCONTRÉ!
-    ¡AAAHHH!
-    ¡BUENO, HOMBRE, TAMPOCO PARA TANTO EL SUSTO!
-    ¡DÉJELO TRANQUILO, GORDO DUEÑO DE CASA DE COMIDAS! ¡ESTE MUCHACHO EXPRESA SU Y MI DESCONTENTO DE ESTA MANERA!
-    ¡LA MUELA!

Silencio sepulcral.

-    ¡LA MUELA!

Un par de lágrimas zigzaguean sobre mis mejillas.

-    ¡LA MUELA!

Tomo con violencia el paquete que contiene mi y nuestro almuerzo bajo la mirada estupefacta de Gordo Dueño de Casa de Comidas y Cocinero y me retiro tomándome el costado dolorido de la cara sin más que decir.

La única verdad es la realidad. Y duele, duele mucho.

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Afiche cap.8

Un Dia De Vida
Diseño de afiche: Julián Vadalá

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