Sábado, 04 Mayo 2013 00:00

9. Mirando el techo soy feliz.

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-    … y tengo ganas de encerrarme en mi cuarto años y años sin recortarme pelo, barba y uñas; sin comer; sin bañarme. Estoy totalmente deprimido. Mi mujer me repite que por más que me involucre, la nena, MI nena, MI HIJA, ya es adulta y que si quiere relacionarse con ese muchacho… bah, muchacho… que si quiere relacionarse con ese sucio, maleducado, desalineado es decisión de ella y que ya cambiará. O ella o él.

Me incorporo mientras sigo escuchando cómo Cliente Depresivo por Deporte que deprime al Resto distrae a Nuevo de sus tareas; desplomo mi cuerpo sobre la madera bien pero bien barnizada; pego el portazo y el hablante se calla logrando la perfección de un silencio sepulcral.

Basta para mí, basta para todos los que me rodean. Para deprimirme, me deprimo por la comida que estoy por tirar.

Siendo las 14:42 según el reloj del horno microondas y sin siquiera degustar una migaja del pan que acorrala al manjar de carne, lechuga, tomate, huevo, jamón y queso que tengo frente a los ojos y colmillos pienso que odio tirar la comida; que hay niños necesitados que serían muy felices con este almuerzo; que tanto Empleado Encargado Con Llaves, Segundo en Experiencia y/o Nuevo deben haberse quedado con hambre ya que gastan muchísima más energía que yo a diario. Pero automáticamente me inclino a recapacitar que todo lo que vino de la tierra debe terminar en la tierra; que no me puedo hacer cargo de todos y cada uno de los problemas que azotan al mundo; que es viernes y la empresa, o sea yo, abona cada sésamo del pan, cada gramo de la carne, cada hoja de la lechuga, cada rodaja del tomate, cada yema del huevo, cada feta del jamón y cada lácteo del queso, así que si hay más hambre, que no se note. 

Pensamientos muy fríos, horribles, desalmados. Hola, sí, soy yo en este momento, ¿qué se puede esperar de alguien que no está en sus cabales por un agudísimo dolor de muelas?

Envuelvo la hamburguesa con el mismo papel engrasado de origen; alejo con violencia el paquete contra la pared que enfrento de ésta, mi micro atmósfera actual, la cocina, tornándose aún más densa, pudiéndose cortar con un cuchillo; extraigo del bolsillo delantero derecho de mi pantalón mi teléfono celular.

Basta de mí, basta de todos los que me rodean. Para deprimirme, me deprimo por la poca comunicación que tengo con Ella.

Sabiendo, por un lado, que no soy ni paciente ni por lo tanto hábil para los videojuegos de agilidad mental como lo son los que me propone mi teléfono celular y, por otro lado, que Ella ya debe estar despierta luego de su reposo espiritual y creativo, bah, luego de quedarse despierta hasta altas horas haciendo nada de nada para luego dormir como una condenada, opto por el plan B y le envío un mensaje en el que le digo que la extraño como el sol a la luna; que si esta noche nos encontrábamos la iba a besar como nunca la habían besado; que no quiero que la futura unión de nuestros cuerpos se torne un mar de arena a diluirse entre nuestros dedos, sino que se vislumbre como una sólida pared.

Pensamientos muy ordinarios, vulgares, cursis. Hola, sí, soy yo en este momento, ¿qué se puede esperar de alguien que no es correspondido de inmediato en la época de lo instantáneo?

Mi teléfono celular vibra. Es Ella, me contesta, me emociono, espero lo mejor. La espero. Y leo que no entiende qué quise decir con extrañar al sol y a la luna; que el mensaje llegó por la mitad ya que su teléfono celular acepta una cantidad específica de caracteres; que le duele muchísimo la cabeza y que no está ni siquiera para contestarme con una simple llamada.

Como si fuera niña y soñara con un unicornio baleado; como si fuera una adolescente y figurase a todos sus ídolos de rock & roll a modo de padres de familia; como si ya siendo adulta sintiera que el amor se acaba a mediana edad: Ella le dijo NO a la fantasía pura. A mi fantasía, en este caso. Y lo más inocentemente cruel que la modernidad le permitió.

Basta de Ella, basta de todos los que me rodean. Para deprimirme, me voy de urgencia al dentista, chau, besos, nos vemos.

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Afiche cap.9

Un Dia De Vida
Diseño de afiche: Jit Martinez

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