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- Buenas.

Saludo directo y preciso, como golpe al pecho de boxeador retirado. Pesado. Imposible de sortear.

- Buenas.

Al unísono.

Me acerco. Beso en la mejilla a secas a Nuevo, beso en la mejilla y palmada en la espalda a Segundo en Experiencia y beso en la mejilla y pregunta a Empleado Encargado Con Llaves sobre el resultado del tan comentado encuentro futbolístico de anoche. Confianza y jerarquía son hermanas siamesas.

- ¿Bien?

Nueva trompada infalible.

- Sí.

Al unísono, nuevamente, mientras me alejo de a poco.

Nuevo mira de reojo a Segundo en Experiencia, quien se desliga de toda responsabilidad balanceando su cuerpo para que Empleado Encargado Con Llaves, ya sentado frente al monitor de la computadora principal, busque en mi rostro una tarea a realizar que jamás encontrará. Le doy la espalda mientras encaro los veintitantos escalones que me separan de mi y única oficina. A mitad de camino me detengo. Observo. Que Empleado Encargado Con Llaves, nuevamente concentrado en la pantalla, se dirige a Segundo en Experiencia y que éste, antes de perderse entre las estanterías, intercambia dos palabras con Nuevo, quien acepta su destino de gris repositor.

La vida es un conjunto de ciclos y forma a los hombres, pienso, mientras continúo el ascenso.

Echar el cuerpo sobre el mullido sillón, y encender la computadora, y esperar que el inicio sugiera el ingreso de la clave, y notar avisos de tareas muy poco importantes a realizar como lo es la comunicación telefónica con cierta prima de una tía lejana vaya a saber uno por qué.

La bandeja de entrada de mi casilla electrónica de correo atesora muchísimos mensajes nuevos. Aún hoy no encuentro explicación de cómo extraños consiguen mi contacto. Menos comprendo aún el sabor delicioso que genera en mí el juego de sentirme tenido en cuenta pero vigilado.

Control de peso, elimino; orden de compra, imprimo; orden de compra, imprimo; departamentos con vista principal a una playa paradisíaca, elimino; inquisición sobre mis problemas sexuales, elimino; financiamiento de rodados, archivo; juegos en línea, pruebo, pierdo, me aburro, archivo; encuesta sobre mis tendencias políticas, elimino; orden de compra, imprimo; propuesta de sexo virtual femenino, elimino; ofertas de pasajes aéreos, archivo; orden de compra, imprimo.

Abandono por un rato mi refugio y desciendo, órdenes de compra recién impresas en mano. Las deposito sobre el mostrador principal, como quien dice que no pero sí, o sí pero no. Se entiende.

Mezclarse suma. Nuevo, Segundo en Experiencia y Empleado Encargado Con Llaves se acopian. Café fresco, tentempiés dulces de ayer pero no húmedos y cruce de banalidades, humor sobre todo.

Una idea a partir del clima y preparo el campo.

- Si vuelve a llover como anoche van a tener problemas.

Dos conceptos sobre las vestimentas de esta micro sociedad que me rodea y las sonrisas desbordan.

- Con esas zapatillas llenas de agujeros van a nadar parados. Y ni hablar de las camperas. Mejor dejémoslo ahí.

Tres imágenes sexuales pícaras y el éxtasis deja de ser un imposible.

- Nuevo, ¿por qué esa cara larga? ¿Mala noche la de ayer? ¿La lluvia prohibió verte con tu novia? ¿O te dijo que estaba revolcándose con Segundo en Experiencia cuando es bien sabido que él ama solamente a Empleado Encargado Con Llaves? ¿Celoso de Segundo en Experiencia, acaso?

Estallan en carcajadas. No responden. Clásica impunidad de dueño de una empresa modesta pero próspera, o sea, mi caso: soy un niño rico con tristeza que se conforma con este tipo de aprobaciones pagas.

Lo que más nos separa a ella y a mí es que su situación de empleada no contempla mi realidad. En cambio Ella es libre: se mantiene según su propio ritmo. Excelente.

Ya callado enciendo el primer cigarrillo del día. 7:45. Es perfecto trabajar en un espacio preso del humo. Relaja. Más café y más galletitas. Elijo, porque todos discriminamos en algún momento: masa con sabor a vainilla y relleno de membrillo jamás. Me pierdo en la mezcla de chocolate y crema o chocolate y vainilla. Una, dos, muchas. Y sucede. Molestias. Aprieto los dientes, levanto los labios y respiro profundo por la boca: el aire enardece a aquella muela, maxilar inferior derecho, alejada, bien alejada. Esa.

Contengo el grito. A pesar del frío mi frente se llena de pequeñas gotas de sudor. El día se presenta más complicado de lo esperado. Aunque, en realidad, nunca espero nada.

Category: Un Dia De Vida